"Vete. Pero esta vez, no vuelvas."
Había una vez una niña que estaba
demasiado triste. Escuchaba música y cerraba los ojos intentando imaginar el
sabor de un abrazo o pensaba largo rato en los tal vez podría, se perdía pensando cuentos bonitos pintados de
colores y se culpaba por cada marca que guardaba su cuerpo. Un día la niña que
estaba demasiado triste salió a pasear y se dio cuenta que el mundo es muy
bonito cuando lo miras con paciencia. Aunque lo mires tú solo. Otro día se puso
a leer poesía y se enamoró de los versos. Y una mañana desafió a la pluma
amenazándola en convertir cada lágrima que había llorado en palabras preciosas.
Entonces, la niña que estaba demasiado triste descubrió que cuando escribía
conseguía encontrar algo de sentido en su mar de nostalgia, como si tomara un
pedazo roto y lo convirtiese en un mosaico, una obra de arte. Así que se aferró
a los motes como un náufrago agarra un tablón de madera para mantenerse a
flote.
Poco a poco, se enseñó a abrazarse y ser más amable cuando perdía la paciencia. Aprendió que no siempre
tenía ella la culpa, incluso a veces se regalaba una sonrisa porque sí. Otras , tomaba las flores que hallaba por el camino y las ponía en un pequeño vaso
al lado de su cama; luego las guardaba entre páginas de libros y así las hacía para siempre. Sabía que estaba llena de
grietas y que los miedos se la comían algunas noches o aparecían cuando alguien
le tendía la mano. Pero por entonces, ya estaba delante del papel, siempre tan
amable, contándole cada ceño fruncido y esquina oscura que la había hecho
temblar.
De todos modos, había días en los
que sus demonios ganaban y ella perdía. Las palabras las oía distantes,
mezcladas con el eco de todas las promesas rotas. Y subía el volumen de la
música e intentaba recordar esos brazos alrededor de su cintura o el sonido de
su risa en medio de un beso. Y volvía a perder, a caer, a fallar.
Había una vez una niña que estaba
demasiado triste. Y llegaba a casa y
dibujaba su pequeño mundo, para que al leerlo pareciese otro de los cuentos que
se explicaba. Para que su vida se pareciese un poco más a una novela, para que
las palabras guardasen sus secretos eternamente, para demostrarse que tal vez y
sólo tal vez si ella llegaba a quererse, otro lo pudiese hacer también.
C.
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