"Amo el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más"- Pablo Neruda.
VOY A RE-CONSTRUIR(ME)
No puedo estar torturándome a diario por algo que hice que ya no tiene arreglo: una ola rota acaricia la costa y se va de nuevo al mar...no se queda rota ahí mismo, esperando que alguien baje a (re)construirla. Deberíamos hacer igual.
Las olas se adaptan a cualquier situación ¿Acaso has visto alguna que se niegue a pasar una roca? Ninguna. Lo que hay que hacer si te encuentras una, es buscar caminitos que hagan más fácil pasarla.
También date cuenta que siempre siguen avanzando y sólo retroceden para volver al mar, al final. ¿Te crees que no se encariñan con otras costas?¿Con otros peces?¿Con otros paisajes? Pues claro que sí. Aun así, siguen su camino: se dejan llevar por la corriente, sin olvidar que su objetivo es llegar a la orilla para poder acariciarla. Por esto, no cometas el error de ir contra corriente y pretender volver atrás, no puedes negarme que es agotador y que llega un punto que debes soltarte y seguir. El problema, por entonces, será que estarás demasiado cansada.
Cuando aprendas todo esto y solo entonces, sabrás que tus ojos pueden mirar al Sol para que te haga brillar como las olas: pasarás a ser parte de ellas, tú y el mar, las rocas y el cielo seréis partes distintas pero a la vez unidas de un mismo todo.
Entonces, y solo entonces, tus ojos brillarán también cuando sonrías y con una sola mirada podrás dar el mismo calor que da un abrazo fuerte, la gente querrá acompañarte para aprender a ver el Sol también. No te preocupes si un día no consigues verlo, porque cada mañana puedes intentarlo de nuevo.
Entonces, y solo entonces, no harán falta tantas palabras, porque durante el camino tu corazón y tú os habréis reconciliado y le volverás a escuchar de nuevo (cuenta cosas interesantes, créeme, y sabe más de lo que crees). Las personas que lo escuchan saben de qué va todo esto de mirar al Sol, te entenderás sin necesidad de hablar con los demás: es algo que todos sabemos hacer y cuando aprendemos a hablar se olvida.
Y al final, cuando has sido ola que se deja llevar por la corriente sin dejar de seguir un objetivo, cuando has buscado caminitos para avanzar por las rocas, cuando no has dejado de querer llegar a puerto porque te has encariñado con un pez gordo, cuando cada mañana te das cuenta de lo bonito que es el camino y que puedes volver a brillar si quieres: entonces, y solo entonces, llegarás a tocar la arena para luego regresar al mar.
Entonces, y solo entonces, sabrás lo que es acariciar un corazón.
Y puedes hacerlo.
Pero no olvides aprender de las olas.