domingo, 10 de abril de 2016


"Qué más da querer, si luego siempre pierdo."

Dicen que la primavera ha llegado, pero a mí me parece más invierno que nunca. 
Cupido, querido, antes de lanzar tus flechitas podrías pedirle a las nubes que inventasen un final feliz. No entiendo nada: si me las has quitado, por qué me diste alas. 
Yo me rindo, sabes. Aquí tienes mis armas, las dejo en pie de guerra. Ya te ocuparás tú de que decir te quiero deje de ser menos seguro que un ciego en un campo de minas. Ya les contarás tú a los que matas enamorando que los finales felices son para que los niños no tengan pesadillas de noche. Ya salvarás tú a los barcos que han naufragado por dejarse llevar por la corriente, ya los rescatarás tú cuando se hundan como Atlantis. Lo harás tú, porque yo tengo más que suficiente con cuidar los rotos de este lugar y evitar que se derrumbe. No creo que vuelva a pintar de rojo estas paredes: sería perder el tiempo. 

Esta vez has sido más clásico, más mediocre. A la chica le gusta el chico, pero este está enamorado de otra. Tengo que decirte que me parece poco original. Tu caes por mí pero yo caigo por esa, que a su vez ha caído por una tercera, como si de un dominó se tratara. Blanco y negro. Aunque siempre tengo que ser yo la que se queda a oscuras. 

Creo que empiezo a entenderte. Tú no conseguiste salir de aquí abajo, verdad. Y cuando las palabras te echaron unos cuantos adjetivos y algunos adverbios para volver a la superficie, ya era demasiado tarde. Belchite Viejo parecía nuevo al lado de tu corazón. Te quedaste sin, no era más que un pedazo de carne bombeando sangre a lo que quedaba de ti. Fue entonces cuando, después de maldecir al destino unas ochenta o cien veces y hablar con la Luna noche sí noche también,  juraste venganza eterna al Amor. Empezaste a tramar tu infame plan y te hiciste con un arco y una flecha, aparentemente inofensivos. Sin embargo, cada vez que el Amor se da la vuelta para dar un abrazo o regalar una sonrisa...tú disparas. 
La primera víctima fue la Luna, tan paciente oyente que había sido contigo. La obligaste a vivir sólo cuando el Sol la veía y pasar las noches a oscuras. Incluso la culpaste de las mareas, eres tú el que se sienta a llorar las lágrimas que todavía te quedan,cuando recuerda que ha perdido los sentimientos. 
Deberías odiarte por el rencor que albergas, claro que sin corazón, poco puedes sentir. 


C. 




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