sábado, 23 de abril de 2016


"I have perfected the art of letting go". 

Sólo por si volvieses a recordar
mi sonrisa al oír las gotas de lluvia caer
al cristal de tu ventana,

sólo si te ha parecido ver mis ojos
al mirar las nubes oscuras esta mañana,
sólo si un silencio incómodo
a suspirar entre versos te ha llevado;

Que sepas que ha sido culpa mía.

Le conté a la poesía que te quería
y ella cree que te equivocas
que hacerle caso a Cupido
es absurdo, loco, inútil;

no lo escuches demasiado
soy más grieta que princesa
sangro tinta en vez de rosas
y nunca fui capaz de matar al dragón . 

domingo, 17 de abril de 2016


"Vete. Pero esta vez, no vuelvas."

Había una vez una niña que estaba demasiado triste. Escuchaba música y cerraba los ojos intentando imaginar el sabor de un abrazo o pensaba largo rato en los tal vez podría, se perdía pensando cuentos bonitos pintados de colores y se culpaba por cada marca que guardaba su cuerpo. Un día la niña que estaba demasiado triste salió a pasear y se dio cuenta que el mundo es muy bonito cuando lo miras con paciencia. Aunque lo mires tú solo. Otro día se puso a leer poesía y se enamoró de los versos. Y una mañana desafió a la pluma amenazándola en convertir cada lágrima que había llorado en palabras preciosas. Entonces, la niña que estaba demasiado triste descubrió que cuando escribía conseguía encontrar algo de sentido en su mar de nostalgia, como si tomara un pedazo roto y lo convirtiese en un mosaico, una obra de arte. Así que se aferró a los motes como un náufrago agarra un tablón de madera para mantenerse a flote.
Poco a poco, se enseñó a abrazarse y ser más amable cuando perdía la paciencia. Aprendió que no siempre tenía ella la culpa, incluso a veces se regalaba una sonrisa porque sí. Otras , tomaba las flores que hallaba por el camino y las ponía en un pequeño vaso al lado de su cama; luego las guardaba entre páginas de libros y así las hacía para siempre. Sabía que estaba llena de grietas y que los miedos se la comían algunas noches o aparecían cuando alguien le tendía la mano. Pero por entonces, ya estaba delante del papel, siempre tan amable, contándole cada ceño fruncido y esquina oscura que la había hecho temblar.
De todos modos, había días en los que sus demonios ganaban y ella perdía. Las palabras las oía distantes, mezcladas con el eco de todas las promesas rotas. Y subía el volumen de la música e intentaba recordar esos brazos alrededor de su cintura o el sonido de su risa en medio de un beso. Y volvía a perder, a caer, a fallar.
Había una vez una niña que estaba demasiado triste. Y llegaba a casa y dibujaba su pequeño mundo, para que al leerlo pareciese otro de los cuentos que se explicaba. Para que su vida se pareciese un poco más a una novela, para que las palabras guardasen sus secretos eternamente, para demostrarse que tal vez y sólo tal vez si ella llegaba a quererse, otro lo pudiese hacer también.

C. 

domingo, 10 de abril de 2016


"Qué más da querer, si luego siempre pierdo."

Dicen que la primavera ha llegado, pero a mí me parece más invierno que nunca. 
Cupido, querido, antes de lanzar tus flechitas podrías pedirle a las nubes que inventasen un final feliz. No entiendo nada: si me las has quitado, por qué me diste alas. 
Yo me rindo, sabes. Aquí tienes mis armas, las dejo en pie de guerra. Ya te ocuparás tú de que decir te quiero deje de ser menos seguro que un ciego en un campo de minas. Ya les contarás tú a los que matas enamorando que los finales felices son para que los niños no tengan pesadillas de noche. Ya salvarás tú a los barcos que han naufragado por dejarse llevar por la corriente, ya los rescatarás tú cuando se hundan como Atlantis. Lo harás tú, porque yo tengo más que suficiente con cuidar los rotos de este lugar y evitar que se derrumbe. No creo que vuelva a pintar de rojo estas paredes: sería perder el tiempo. 

Esta vez has sido más clásico, más mediocre. A la chica le gusta el chico, pero este está enamorado de otra. Tengo que decirte que me parece poco original. Tu caes por mí pero yo caigo por esa, que a su vez ha caído por una tercera, como si de un dominó se tratara. Blanco y negro. Aunque siempre tengo que ser yo la que se queda a oscuras. 

Creo que empiezo a entenderte. Tú no conseguiste salir de aquí abajo, verdad. Y cuando las palabras te echaron unos cuantos adjetivos y algunos adverbios para volver a la superficie, ya era demasiado tarde. Belchite Viejo parecía nuevo al lado de tu corazón. Te quedaste sin, no era más que un pedazo de carne bombeando sangre a lo que quedaba de ti. Fue entonces cuando, después de maldecir al destino unas ochenta o cien veces y hablar con la Luna noche sí noche también,  juraste venganza eterna al Amor. Empezaste a tramar tu infame plan y te hiciste con un arco y una flecha, aparentemente inofensivos. Sin embargo, cada vez que el Amor se da la vuelta para dar un abrazo o regalar una sonrisa...tú disparas. 
La primera víctima fue la Luna, tan paciente oyente que había sido contigo. La obligaste a vivir sólo cuando el Sol la veía y pasar las noches a oscuras. Incluso la culpaste de las mareas, eres tú el que se sienta a llorar las lágrimas que todavía te quedan,cuando recuerda que ha perdido los sentimientos. 
Deberías odiarte por el rencor que albergas, claro que sin corazón, poco puedes sentir. 


C. 




domingo, 3 de abril de 2016


 "I crave a love so deep the ocean would be jealous".-Unknown



Tengo miedo, de perderte o asustarte. De intentar entenderte y que te agobie y marches a otro rincón más tranquilo donde mis caricias no puedan tocarte.  Tengo miedo de dar un paso en balde y que nuestro pequeño mundo se venga abajo, que desaparezca igual que la ceniza cuando sopla un poco de viento. Tengo miedo de que tal vez sea demasiado pronto para tenerte, que quizás si me equivoco cuando mire atrás me daré cuenta de que debería haberme esperado. Tengo miedo de darte demasiado tiempo y que pienses que no te quiero. Y si vengo con el amor y le digo a la vida que nos ate para siempre, ¿me dirá que no es suficiente? Tengo miedo de que si te asomas aquí dentro las humedades y el gris te asusten más que las grietas. Prometo que antes era de terciopelo rojo y tenía flores y una playa.
Tengo miedo de que me tiemblen las manos cuando me abraces y no podamos mantener el equilibrio. Tengo miedo de que caigamos por mi culpa. Tengo miedo de tener tanto miedo.
Me aterra pensar que no sabes cuánto te quiero. Por eso, a veces me da por escribirte. Te guardo entre palabras bonitas y otras tristes, para que recuerdes pensar en nosotros cuando la noche parezca vacía.

Cariño, no olvides que sólo cuando oscurecía te atrevías a darme la mano.