jueves, 29 de octubre de 2015



"And the princess lived happily ever after in her own castle and with all her own money and she took care of herlsef". 





  1. El primer día que viniste a casa sonaba mi canción favorita, para días de lluvia, de fondo. De esas que escuchas un día sí y otro también, que sueñas en dedicársela a alguien. A las primeras tres notas decidiste que no te gustaba. Josh Radin decía que me cogieras fuerte como si fueras el Sol a mi Luna. Pero tú ni siquiera lo escuchaste.
  2. Aunque siempre discutamos por lo mismo: no puedes querer a alguien con un beso. Eso es de los cuentos de Disney. El príncipe sólo se pone azul cuando lo abrazas demasiado fuerte. Mamá siempre me acababa el cuento de Blancanieves diciendo: “y entonces cuando fueron a vivir juntos, la princesa se dio cuenta de que su marido era un perezoso y un vago y decidió volver con los siete enanitos al bosque.”Tenía razón. Los finales felices no existen.
  3. Si cuidas a tu familia tan bien como piensas cuidarme a mí, si te da igual saber cómo les ha ido el día o cómo se encuentran, no tiene sentido que un día te diese la mano.
  4. Todo te da igual. Incluso yo hoy te daba lo mismo. Pues sabes qué, que a mí más. Mucha suerte con la almohada y los culos de botella, porque el mío no lo volverás a ver.
  5. Nunca seré feliz al lado de alguien que se limite a soñar dormido. Eso es para cobardes.
  6. Llamarte principito fue lo más ilógico que se me podría haber ocurrido. Ya te habría gustado a ti parecerte a él. El principito sabe tanto de acariciar orillas, tanto como tú de hacerme creer que eres otro.
  7. Te dije que no me pidieras para salir. No hacía ni una semana que me había vuelto un precioso mosaico para decorar suelos, cuando te conocí. ¿eso también te daba igual?
  8. No tendría que haberte comprado esa libreta de tapas rojas de París. ¿Sabes? pensaba llenarla con nuestros días y dártela con dos billetes de avión. Sólo de ida. No me gusta tirar palabras que ya están escritas.
  9. No tendría que haberte hecho fotos.
  10. No tendría que haberte llevado a mi lugar preferido para ver puestas de Sol. 
Ya lo decía Caperucita: no te fíes de las manos nuevas. Niña tonta, estabas más que avisada. 

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viernes, 16 de octubre de 2015

"Todo el mundo sabe que cuando es mediodía en Estados Unidos el sol se pone en Francia. Bastaría poder ir a Francia en un minuto para asistir a la puesta del Sol. Desgraciadamente, Francia está demasiado lejos. Pero sobre tu pequeño planeta te bastaba mover tu silla algunos pasos. Y contemplabas el crepúsculo cada vez que lo querías.
- Un día, vi ponerse el Sol 43 veces.
Y poco después agregaste:
- ¿Sabes?...Cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de Sol...
-- ¿Estabas, pues, verdaderamente triste el día de las 43 veces?". - El principito, Antoine de Saint-Exupéry. 


Tal vez todos nos rompemos de forma parecida. Quiero decir, que tal vez esa canción te arropa como una mantita en un día de lluvia, porque quien la escribió se sentía igual de helada que tú. Y con esto está claro una cosa: cuando plasmas (con música, poesía, pintura) tus grietas con la misma delicadeza con la que el Sol desliza las gotas de rocío sobre las hojas adormecidas, los demás lo agradecen.
Dejando al descubierto tus rotos pegas dos pedacitos de alma; el tuyo y el de quien te escucha.

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Creo que no me parece bien dejarte vivir en un mundo de blanco y negro, eso ya quedó atrás hace tiempo. ¿Dices que el negro son todos los colores juntos? Yo no lo veo. Yo sólo veo dos: azul y rojo. Azul, de las lágrimas que no se merece, de las gotas de lluvia que lloran ahora tus palabras escritas en medio de la tormenta que había dentro de ti. No dejaré que borren nada.
Rojo, de la ira contra ti y rojo de no entenderle a él, rojo al hablar de vosotros y rojo tu corazón despedazado hecho añicos y que no consigo coger con dos manos.
¿Sabes? Cuando te hablaba de lo bonito y te decía que lo bonito eras tú, no quería verte así. Es bonito que ames, siempre que no te deje a media luz (o a oscuras).  Lo bonito es de colores.
Por eso voy a ayudarte a pintar el mundo de otra manera -es gracioso que lo haga yo, que no cojo un pincel desde que pintamos en el colegio-.
 A ver, primero coge la paleta y llénala de todos los colores que encuentres. ¿ ya está? Perfecto. Cierra los ojos e imagina que no estás triste. Puedes imaginarte lo que más te guste: un prado con flores, una playa, una noche sin Luna, un día de lluvia.
Ahora quiero que pintes una sonrisa, enorme, gigante, que forme parte del paisaje.
Y ya está.

Quiero esa curva en tus labios y el fondo que más te guste. ¿Sabes por qué? Porque eso no te lo van a poder quitar nunca. Sí, nunca. A veces las sonrisas se esconden y hay que buscarlas un buen rato: que si en un amanecer, que si en las flores, que si en un abrazo… cada uno sabe donde puede encontrarlas. Y ahora te toca a ti ir a buscarla, porque he mirado y en mi casa no la encuentro por ningún lado. Ves a buscarla y cuando la encuentres te la pones, te miras al espejo y luego la dibujas. 

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