viernes, 18 de marzo de 2016



"We weren't forever. But art is. Words are. And will be. "- Charlie's.


La vio sentada al lado de la ventana mirando fijamente los árboles florecidos de la calle de enfrente. Eran una mancha rosa que sellaba la entrada de la mansión blanca, aquella que solían decir que se comprarían algún día. Estaba algo preocupado, porque desde su regreso no había hecho más que eso: sentarse largas horas y fijar su vista en un punto fijo, pero estaba seguro de que ella no estaba allí con los demás. Parecía que tan solo hubiese vuelto su cuerpo: las manos y la estrecha espalda, su manera de sentarse. Eran los mismos, incluso sus ojos marrones; su mirada era distinta, sin embargo. Corrían rumores de que había conocido a un chico que servía cortados descafeinados de máquina o con poca leche y sacarina. Conociéndola, debería haberse pasado horas largas sentada en una silla del bar con una taza al lado y un libro, un boli y una libreta delante. Claro, el chico de los cafés debió de acabar regalándole un croissant de esos que tanto le gustaban a cambio de unas palabras. Y con su primera sonrisa le dio al botón de "start" y empezó de nuevo su novela.
Lo sabía, que ella le echaba de menos. Por eso se había quedado entre los recuerdos y se había acurrucado junto los abrazos y caricias de otros días. 

Habían discutido. Él y ella. Antes de que se fuera, antes de que dejara de tomar té y se intentara quitar el insomnio con cafés. Todavía oía el eco del portazo que había acabado la discusión cada vez que cerraba los ojos: pedirle perdón ya no arreglaría las cosas. No arreglaría las cosas, porque ella ya no le miraba como solía hacerlo, ni siquiera le brillaban los ojos si le sonreía. 
"Tío, la has cagado".  Fran tenía razón, nada iba a volver a ser como antes. Qué irónico que los dos sintiesen lo mismo y nada pudiese animarlos. 
Se duchó, se puso la camisa del día que se conocieron y le preparó un té y un croissant. Sabía que si se sentaba a su lado y esperaba conseguiría mucho más que si se ponía a hacerle preguntas. 

"Lo vacío se hunde, sabes"- una sonrisa rota le cruzó las mejillas que él tantas veces había acariciado. 
"Yo creo que si lo llenas de croissant flota..."- no estaba seguro de si eso la haría enfadar o reír... Por si acaso se la quedó mirando en silencio mientras se repetía para sí:"todavía te quiero, todavía te quiero, todavía te quiero. Date cuenta, por favor" y ponía cara de desenfado. 
Ella se puso a reír y de pronto lo abrazó fuerte. 

No le dijo nada, pero se quedaron así hasta que se hizo de noche. Entonces, ella se levantó, cogió sus cosas y antes de cerrar la puerta dijo: "Gracias; por todo. De verdad." 


Sus pasos se perdieron por las escaleras que bajaban hasta la portería y él se quedó apoyado en el marco de la puerta, fijó los ojos en el primer escalón y se pasó los dedos por el pelo,confuso, mientras se decía que ya no le gustaba el café. 

-Lo vacío se hunde, C. 

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