viernes, 19 de febrero de 2016



"I've turned people into homes and I ended up homeless".-Unknown.

Se detuvo. El Sol se asomaba por entre las casas de enfrente y el cielo parecía un pintor caprichoso aquel día, los colores del amanecer saltaban entre rojos, naranjas, azules y oscuros bailado sobre la melodía de dos mirlos que madrugaban ese viernes, casi parecía que las lucecitas de la habitación, reflejadas en el cristal, quisieran participar dando los buenos días. 
Se sentó en el borde de la cama y dio un sorbo al té caliente mientras se arrebujaba un poco más en su bata roja de invierno. Le gustaba saborear esos momentos tan tranquilos y callados, el mundo se iba despertando poco a poco igual que un oso sale del letargo e iba abriendo despacito los ojos: la calle parece toda tuya y el tiempo pasa más lento, los demás duermen y las nubes se vuelven de colores para ti y nadie más, porque los que duermen desconocen de tu secreto.
Cogía estos momentos y los guardaba todos con cuidado en la sección de recuerdos agradables, para cuando tenía un día gris cerrar los ojos y pensar en algo bonito. Si recorría con los dedos los estantes que guardaban este tipo de instantes se encontraba de pleno con los tristes pero que habían sido bonitos, y bastaba verlos para que una sombra le oscureciese el rostro. De nuevo, fijaba los ojos en el olvido  y parecía que ya no estaba en esa estancia, sino lejos en el pasado, sonriendo al recuerdo cuando todavía era entrañable. Pero era una sonrisa amarga, sabéis, de esas que engañan porque si no las reconoces pueden parecerte cualquier vulgar mueca. Sus labios se curvaban con cuidado, como si los movimientos bruscos fueran a romper su recuerdo y por los ojos pasaban imágenes tristes, de ira e incluso de desesperación...

De pronto, recordó que tenía prisa y que llevaba rato perdida entre sus cosas sin mirar el reloj. Era tarde.
¿Tarde para qué?
C.

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