domingo, 3 de mayo de 2015



"Amor es como un humo que se forma
con el aliento fiel de los suspiros.
Si se le vivifica, es como un fuego
que en los ojos amantes resplandece.
Humillado, semeja un mar crecido
con el llanto de los enamorados.
¿Y qué más? Es cuerdísima locura,
hiel que oprime, dulzor que reconforta."
- Romeo y Julieta, William Shakespeare.




A tu lado, era primavera en invierno y ahora que te has ido, es invierno en primavera. Todo lo  que me rodea me lleva a ti: los parques, las flores, el viento, el polvo que se lleva y te hace llorar y los martes que sabían a domingos. Y me doy cuenta de que tú y yo fuimos como la primavera: de golpe, sin pensar, te la encuentras en la esquina y cuando quieres saludarla ya se ha ido.

Fuimos como el árbol de esa esquina, de camino a la estación, que florece de repente y es precioso, pero ¿sabes cuánto tiempo dura? Una semana. E incluso cuando acaban de caerse todas flores es bonito el rastro que deja, pero ya no es, sino que era. Los dos cogimos el mismo tren, tú bajaste en Gracia y yo en casa: ocho paradas más tarde que si las doblas dos veces son los meses que llevo pensándote cada día. Y todas las-

Noches en las que me encuentro con sonrisas que te has olvidado en tu lado derecho de la cama, perdidas entre caricias y te quieros susurrados con demasiados besos y poco tiempo -como siempre-. Aunque ese lado ya no sea tuyo. Creo que podrías volver algún día a recogerlos, ¿sabes? ya no los quiero. Ya no quiero tus mentiras disfrazadas de excusas, ni tus textos prometiéndome el mundo, ni que me llames princesa, ni que me pidas que te bese, ni tampoco recordarte. Porque mis ganas de ti están ya muy quemadas, aunque puede que queden brasas aún. Si cojo la ceniza y la soplo, desaparece como si nunca hubiese estado ahí, pero cuando mis lágrimas lloran y la mojan se vuelve negra; tan negra como mi vida cuando decidiste marcharte -la primera vez.

Y supongo que por eso me vuelven loca las flores, las pongo en todas partes y les doy todo el cariño que tú te llevaste. Porque me recuerdan a ti, y a mí, y a lo que fuimos. No solo las pongo en todas partes, sino que cuando se marchitan no las dejo morir sin más, guardo sus pétalos entre las páginas en blanco del libro que nunca terminaremos de escribir. Y allí está la diferencia entre tú y yo: quise guardarte como mis flores y hacerte infinito entre las páginas de nuestros días, sin saber que volver atrás no sirve para nada cuando ya sabes el final del capítulo.

Y ayer al volver nevaban pétalos blancos de las acacias junto a mi casa, como burlándose de mí. Recordándome que mis esperanzas en ti estaban junto con esa alfombra de flores: en el suelo. 

A veces no hay segundas oportunidades; y para nosotros, cariño, ni quintas ni sextas ya. Tal vez, vaya siendo hora de dejar de tropezarse con la misma piedra.





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