viernes, 16 de octubre de 2015

"Todo el mundo sabe que cuando es mediodía en Estados Unidos el sol se pone en Francia. Bastaría poder ir a Francia en un minuto para asistir a la puesta del Sol. Desgraciadamente, Francia está demasiado lejos. Pero sobre tu pequeño planeta te bastaba mover tu silla algunos pasos. Y contemplabas el crepúsculo cada vez que lo querías.
- Un día, vi ponerse el Sol 43 veces.
Y poco después agregaste:
- ¿Sabes?...Cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de Sol...
-- ¿Estabas, pues, verdaderamente triste el día de las 43 veces?". - El principito, Antoine de Saint-Exupéry. 


Tal vez todos nos rompemos de forma parecida. Quiero decir, que tal vez esa canción te arropa como una mantita en un día de lluvia, porque quien la escribió se sentía igual de helada que tú. Y con esto está claro una cosa: cuando plasmas (con música, poesía, pintura) tus grietas con la misma delicadeza con la que el Sol desliza las gotas de rocío sobre las hojas adormecidas, los demás lo agradecen.
Dejando al descubierto tus rotos pegas dos pedacitos de alma; el tuyo y el de quien te escucha.

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Creo que no me parece bien dejarte vivir en un mundo de blanco y negro, eso ya quedó atrás hace tiempo. ¿Dices que el negro son todos los colores juntos? Yo no lo veo. Yo sólo veo dos: azul y rojo. Azul, de las lágrimas que no se merece, de las gotas de lluvia que lloran ahora tus palabras escritas en medio de la tormenta que había dentro de ti. No dejaré que borren nada.
Rojo, de la ira contra ti y rojo de no entenderle a él, rojo al hablar de vosotros y rojo tu corazón despedazado hecho añicos y que no consigo coger con dos manos.
¿Sabes? Cuando te hablaba de lo bonito y te decía que lo bonito eras tú, no quería verte así. Es bonito que ames, siempre que no te deje a media luz (o a oscuras).  Lo bonito es de colores.
Por eso voy a ayudarte a pintar el mundo de otra manera -es gracioso que lo haga yo, que no cojo un pincel desde que pintamos en el colegio-.
 A ver, primero coge la paleta y llénala de todos los colores que encuentres. ¿ ya está? Perfecto. Cierra los ojos e imagina que no estás triste. Puedes imaginarte lo que más te guste: un prado con flores, una playa, una noche sin Luna, un día de lluvia.
Ahora quiero que pintes una sonrisa, enorme, gigante, que forme parte del paisaje.
Y ya está.

Quiero esa curva en tus labios y el fondo que más te guste. ¿Sabes por qué? Porque eso no te lo van a poder quitar nunca. Sí, nunca. A veces las sonrisas se esconden y hay que buscarlas un buen rato: que si en un amanecer, que si en las flores, que si en un abrazo… cada uno sabe donde puede encontrarlas. Y ahora te toca a ti ir a buscarla, porque he mirado y en mi casa no la encuentro por ningún lado. Ves a buscarla y cuando la encuentres te la pones, te miras al espejo y luego la dibujas. 

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