“¡Los suspiros son aire, y van al aire!
¡Las lágrimas son agua, y van al mar!
Dime, mujer, cuando el amor se olvida,
¿Sabes tú adónde va?”-G.A.Bécquer
Pues no tengo ni idea de adónde
va, Bécquer. Llevo unos días con esta duda por la cabeza. ¿Cuánta gente ha
querido? ¿Cuántos no han sido correspondidos? Lo extraño, es que alguien decida
poner el corazón en las manos de otro y que este lo coja sin romperlo. Lo
normal, es que acabemos todos despedazados.
¿y las ilusiones?
¿y las sonrisas?
¿y el tiempo?
¿y los planes juntos?
Nada. No te queda nada.
Pero, claramente, no pueden
olvidarse sin más. Todo ese amor tiene que andar perdido por alguna parte.
Tal vez todos tenemos una cierta
cantidad de amor que nos dan cuando aparecemos en este mundo y poco a poco hay
que ir devolviéndolo. ¿Será eso? Quizás por eso las cosas no funcionan.
Tal vez el amor no se pierde,
sino que se escapa en esa flor que te paras a oler cada mañana al salir de
casa, se convierte en un amanecer precioso, baila entre las teclas del piano y
juega con las cuerdas de la guitarra, se esconde en la sonrisa del chico que te
cruzas, grita en las tormentas y llora con el rocío de la mañana. O se viste de
tinta y papel.
Tal vez las cosas no van bien,
porque hemos dejado de buscarlo. Y él se ha cansado de buscarnos a nosotros.
Voy a acabar encontrándote, lo juro. Y cuando lo haga te guardaré en la cajita
de mi corazón y te pediré que arregles las humedades que han acabado
agrietándome, que le eches una capa de pintura a este rojo más bien grisáceo,
que vuelvas a recubrirla de terciopelo suave.
¿Sabes cuál es el principal
problema de haberme roto? Que corto. Los suspiros, se han ido al aire y tanto viento
ha afilado los cantos. Suerte que las lágrimas se fueron al mar; las olas acarician
la orilla y con el tiempo los bordes se están tornando romos.
Ya sólo me queda buscarte bajo
las piedras o detrás de las sombras, ya que en el cielo y en el océano no hay
ni rastro tuyo.
Yo (no) te he olvidado.
Por
eso te escribo.
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